lunes, 24 de junio de 2013

Abraza a la Sombra

¿Puedes sentirla? Sí, estoy seguro de que sí. A la zurda de tu pecho. Muy dentro de tu corazón, y más allá de ese sentido literal de ventrículos y sangre. En tu corazón, tu cabeza, tu alma.

Estoy seguro de que puedes notarla rasgando las paredes con sus largas uñas. Trata de visualizarla: sí, sé que puedes. En una esquina de la habitación, tan alta como el techo lo permite. Sus profundos ojos rojos te miran como si su hogar fueses, y en realidad, no eres más que eso. Su hogar, su portadora, su huésped, como quieras llamarlo.

Se ríe. Se está riendo de ti, de lo que haces y de lo que no haces. De lo que piensas y de lo que no piensas. De lo que sientes y de lo que no sientes. Se está riendo de ti: de quien eres.

Es la Sombra. Algunos lo llaman instinto, otros “alter ego”. Otros “doppelgänger”. Yo la llamo así. La Sombra. Es eso que desde pequeño o pequeña, te han enseñado a ignorar, a no obedecer, a no rendirte a sus placeres y sus requerimientos y exigencias. A no tener fijación por ella, si no por el exterior. Pero hay un problema…

Mírate en el espejo. Probablemente ese no seas tú. Ahora mira a la esquina, sí, a la misma de antes. A donde estás visualizando a tu sombra. ESE es tu verdadero yo. Nos exigen que no nos rindamos ante esta Sombra, para rendirnos ante otra: la Sombra de la sociedad.

Yo te digo que olvides lo aprendido. Esta sombre se está riendo de el hecho de que eres un sumiso entre sumisos. Levántate, dirígete hacia esa sombra, y abrázala. Asimílala. Porque no tiene que estar fuera de ti… no tiene que estar dentro de ti… tiene que ser tú, y tú tienes que ser ella. Probablemente al principio su salvajismo y descontrol te asusten, te provoquen un intenso pavor y te hagan huir, pero debes saber una cosa: ese salvajismo y descontrol, bien canalizados, no son más que formas de supervivencia. Ahí está la clave: No hay que ignorar a la Sombra, hay que asimilarla, moldearla según nuestros propios criterios, y canalizarla.

Entonces, y sólo entonces, podrás decir “Este soy yo. Me he hecho a mí mismo. No soy otra persona. No vas a encontrar a otra persona exactamente igual a mí, porque ahora, y solo ahora, soy único. Y créeme… si me atacas, te atacaré tan profundamente que hasta tus bisnietos necesitarán terapia.”

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